Seis años después de la pandemia: Covid19
Hoy se cumplen 6 años desde aquel momento que cambió al mundo para siempre. La pandemia llegó sin avisar y nos obligó a detenernos. De un día para otro la vida se volvió incierta: las calles vacías, las casas convertidas en refugio, los abrazos suspendidos en el tiempo y la distancia como única forma de cuidar a quienes amábamos.
Fueron meses que nos marcaron profundamente. Meses de miedo, de preguntas sin respuesta, de despedidas que muchas veces no pudieron darse como hubiéramos querido. Muchas familias perdieron a alguien amado, y esas ausencias siguen siendo un vacío imposible de llenar.
En Pereira se vivió de una manera muy particular. Entre el pico y cédula para poder salir, el ritual de lavar cada producto del mercado al llegar a casa, bañarse apenas cruzar la puerta, saludar con el codo en lugar de abrazar, y las alocuciones presidenciales que marcaban el ritmo de los días.
Era una tensión constante. El sonido de las ambulancias atravesando la ciudad recordaba que algo muy serio estaba ocurriendo. las calles mas transitadas y los lugares mas representativos estaban solas, Había miedo, incertidumbre y una sensación colectiva de estar viviendo algo que jamás habíamos experimentado.
Pero también había momentos de calma extraña. Despertar y saber que el mundo afuera estaba en pausa. Aprender a trabajar desde casa, a estudiar desde casa, a convivir más tiempo con la familia. La llamada “nueva normalidad” se fue instalando lentamente entre pantallas, videollamadas y rutinas que jamás imaginamos adoptar.
Hoy, seis años después, este día también es para recordar. Para honrar a quienes se fueron, para abrazar en la memoria sus vidas y reconocer que cada una dejó una huella en quienes seguimos aquí. Su recuerdo merece silencio, respeto y gratitud.
Pero también es un momento para reconocer lo que aprendimos. La pandemia nos enseñó la fragilidad de la vida, pero también la fuerza de la solidaridad. Nos recordó el valor de lo simple: compartir la mesa, caminar libres por la calle, mirar a los ojos sin miedo, abrazar sin distancia.
Nos mostró que el pensar en el otro y el cuidado colectivo no son opcionales, son esenciales. Que cada acto de responsabilidad puede proteger la vida de otros.
Que este aniversario no sea solo una fecha en el calendario. Que sea un momento para mirar atrás con memoria, para agradecer el presente y para no olvidar nunca las lecciones que dejó uno de los capítulos más difíciles de nuestra historia reciente.
Hoy la vida volvió a las calles, los abrazos regresaron y la ciudad recuperó su ritmo. Pero la memoria de lo vivido sigue ahí, recordándonos lo vulnerables que somos y, al mismo tiempo, lo capaces que podemos ser cuando actuamos con solidaridad.
Seis años después, el mejor homenaje para quienes ya no están es no olvidar. Recordar que en medio de la incertidumbre aprendimos a cuidarnos, a valorar la salud, la familia y los pequeños momentos que antes parecían cotidianos.
Porque si algo nos dejó la pandemia es una certeza: la vida puede cambiar en un instante, y por eso cada día que seguimos aquí merece ser vivido con gratitud, empatía y esperanza.
















